12. Grados de Pecado

Grados de Pecado

La posición Católica

¶1854 Conviene valorar los pecados según su gravedad. La distinción entre
pecado mortal y venial, perceptible ya en la Escritura se ha impuesto
en la tradición de la Iglesia. La experiencia de los hombres la
corroboran.

¶1862 Se comete un pecado venial cuando no se observa en una materia leve
la medida prescrita por la ley moral, o cuando se desobedece a la ley
moral en materia grave, pero sin pleno conocimiento o sin entero
consentimiento.

¶1861 El pecado mortal es una posibilidad radical de la libertad humana
como lo es también el amor. Entraña la pérdida de la caridad y la
privación de la gracia santificante, es decir, del estado de gracia.
Si no es rescatado por el arrepentimiento y el perdón de Dios, causa
la exclusión del Reino de Cristo y la muerte eterna del infierno; de
modo que nuestra libertad tiene poder de hacer elecciones para
siempre, sin retorno. Sin embargo, aunque podamos juzgar que un acto
es en sí una falta grave, el juicio sobre las personas debemos
confiarlo a la justicia y a la misericordia de Dios.

¶1014 La Iglesia nos anima a prepararnos para la hora de nuestra muerte
(“De la muerte repentina e imprevista, líbranos Señor”:
antiguas Letanías de los santos), a pedir a la Madre de Dios que
interceda por nosotros “en la hora de nuestra muerte” (Avemaría),
y a confiarnos a san José, patrono de la buena muerte:

¶1033 Salvo que elijamos libremente amarle no podemos estar unidos con
Dios. Pero no podemos amar a Dios si pecamos gravemente contra Él,
contra nuestro prójimo o contra nosotros mismos: “Quien no ama
permanece en la muerte. Todo el que aborrece a su hermano es un
asesino; y sabéis que ningún asesino tiene vida eterna permanente
en él”. Nuestro Señor nos advierte que estaremos separados de Él
si omitimos socorrer las necesidades graves de los pobres y de los
pequeños que son sus hermanos. Morir en pecado mortal sin estar
arrepentidos ni acoger el amor misericordioso de Dios, significa
permanecer separados de Él para siempre por nuestra propia y libre
elección. Este estado de autoexclusión definitiva de la comunión
con Dios y con los bienaventurados es lo que se designa con la
palabra “infierno”.

¶1035 La enseñanza de la Iglesia afirma la existencia del infierno y su
eternidad. Las almas de los que mueren en estado de pecado mortal
descienden a los infiernos inmediatamente después de la muerte y
allí sufren las penas del infierno, “el fuego eterno”. La pena
principal del infierno consiste en la separación eterna de Dios en
quien únicamente puede tener el hombre la vida y la felicidad para
las que ha sido creado y a las que aspira.

¶1037 Dios no predestina a nadie a ir al infierno; para que eso suceda es
necesaria una aversión voluntaria a Dios (un pecado mortal), y
persistir en él hasta el final. En la liturgia eucarística y en las
plegarias diarias de los fieles, la Iglesia implora la misericordia
de Dios, que “quiere que nadie perezca, sino que todos lleguen a la
conversión”:

La Escritura Dice

1 Juan 3:4
4 Cualquiera que comete pecado, traspasa también la ley; pues el
pecado es transgresión de la ley.

Romanos 3:23
23 por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios;

Comentario

  • Jesús murió para pagar la pena por todos los pecados.
  • Todo pecado es una ofensa a Dios.