17. María: Salva desde el Nacimiento

María: Salva desde el Nacimiento

La Posición Católica

¶493 Los Padres de la tradición oriental llaman a la Madre de Dios “la
Toda Santa” (“Panagia”), la celebran como inmune de
toda mancha de pecado y como plasmada por el Espíritu Santo y hecha
una nueva criatura” (LG 56). Por la gracia de Dios, María ha
permanecido pura de todo pecado personal a lo largo de toda su vida. “Hágase
en mí según tu palabra …”

¶494 Al anuncio de que ella dará a luz al “Hijo del Altísimo”
sin conocer varón, por la virtud del Espíritu Santo, María
respondió por “la obediencia de la fe”, segura de que
“nada hay imposible para Dios”: “He aquí la esclava
del Señor: hágase en mí según tu palabra”. Así dando su
consentimiento a la palabra de Dios, María llegó a ser Madre de
Jesús y, aceptando de todo corazón la voluntad divina de salvación,
sin que ningún pecado se lo impidiera, se entregó a sí misma por
entero a la persona y a la obra de su Hijo, para servir, en su
dependencia y con él, por la gracia de Dios, al Misterio de la
Redención.

Ella, en efecto, como dice S. Ireneo, “por su obediencia fue causa de
la salvación propia y de la de todo el género humano”. Por
eso, no pocos Padres antiguos, en su predicación, coincidieron con
él en afirmar “el nudo de la desobediencia de Eva lo desató la
obediencia de María. Lo que ató la virgen Eva por su falta de fe lo
desató la Virgen María por su fe”. Comparándola con Eva,
llaman a María `Madre de los vivientes’ y afirman con mayor
frecuencia: “la muerte vino por Eva, la vida por María”.

¶508 De la descendencia de Eva, Dios eligió a la Virgen María para ser la
Madre de su Hijo. Ella, “llena de gracia”, es “el
fruto excelente de la redención” (SC 103); desde el primer
instante de su concepción, fue totalmente preservada de la mancha
del pecado original y permaneció pura de todo pecado personal a lo
largo de toda su vida.

¶722 El Espíritu Santo
preparó a María con su gracia. Convenía que fuese “llena de gracia”
la madre de Aquél en quien “reside toda la Plenitud de la
Divinidad corporalmente” (Col 2, 9). Ella fue concebida sin
pecado, por pura gracia, como la más humilde de todas las criaturas,
la más capaz de acoger el don inefable del Omnipotente. Con justa
razón, el ángel Gabriel la saluda como la “Hija de Sión”:
“Alégrate”. Cuando ella lleva en sí al Hijo eterno, es la
acción de gracias de todo el Pueblo de Dios, y por tanto de la
Iglesia, esa acción de gracias que ella eleva en su cántico al
Padre en el Espíritu Santo.

¶491 A lo largo de los siglos, la Iglesia ha tomado conciencia de que
María “llena de gracia” por Dios había sido redimida
desde su concepción. Es lo que confiesa el dogma de la Inmaculada
Concepción, proclamado en 1854 por el Papa Pío IX:

La bienaventurada Virgen María fue preservada inmune de toda la mancha
de pecado original en el primer instante de su concepción por
singular gracia y privilegio de Dios omnipotente, en atención a los
méritos de Jesucristo Salvador del género humano

La Escritura Dice

2 Corintios 5:21
21 Al que no conoció pecado, lo hizo pecado por nosotros, para que
nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en Él.

Gálatas 3:22
22 Mas
la Escritura encerró todo bajo pecado, para que la promesa por la fe
de Jesucristo, fuese dada a los que creen.

Romanos 3:23
23 por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios;

Romanos 3:10
10 Como está escrito: No hay justo, ni aun uno.

Lucas 11:46-47
46 Y Él dijo: ¡Ay de vosotros también, doctores de la ley! que
abrumáis a los hombres con cargas pesadas de llevar; mas vosotros ni
aun con un dedo las tocáis.
47 ¡Ay de vosotros! que edificáis los sepulcros de los profetas, y los
mataron vuestros padres.

Lucas 11:27-28
27 Y aconteció que diciendo estas cosas, una mujer de entre la
multitud, levantando la voz, le dijo: Bienaventurado el vientre que
te trajo, y los pechos que mamaste.
28 Y Él dijo: Antes bienaventurados los que oyen la palabra de Dios, y la guardan.

Comentario

  • Jesús es, otra vez, despojado de la Gloria y el honor que solo Él merece.
  • Él es el único sin pecado; Solo Él tiene las cualidades para ser
    nuestro sustituto en vida y muerte.